YUKU

YUKU

$2,700.00

YUKU

La carpeta YUKU, es una extensión de la exposición mostrada en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO) en julio del año 2021. En ésta, las primeras exploraciones en torno al territorio, la colonización y la postfotografía, se han perfilado extrayendo la parte sustancial de la muestra y se ha configurado como un múltiple gráfico-objetual, el cual incluye una pieza desarmable, una serie de diez serigrafías y la imagen de Ñuhu Yoo, una pieza mesoamericana atribuida a la deidad lunar.

A través de la indagación en el archivo y en el campo expandido de la producción de imágenes fotográficas, Rame Cuen nos propone que el abordaje al pasado siempre es un ejercicio de agencement desde el presente. YUKU, trabaja la relación con la historia de Tututepec, un poblado de la costa oaxaqueña que tiene una base imperial mesoamericana, pero que en el proceso de occidentalización se ha perdido la cosmogonía primordial. A diferencia de la primera muestra en la que se enfatizaba el diálogo entre las piezas, en esta carpeta se han destilado las preocupaciones fundamentales, el cuestionamiento de la toponimia originaria y la visión del conquistado y su silenciamiento.

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La narratividad de las piezas que componen la carpeta se activa desde la aliteración de la voz mixteca yucu, que en la imaginación originaria designa al “monte”. Con apenas el cambio de una letra –la “c” por la “k”—, Cuen identifica la dismorfia conceptual y metafórica que han desarrollado los topónimos acuñados en lenguas originarias. Nombres que nos han llegado en forma escrita y, por lo tanto, ya han sido sometidos a una serie de estructuras que han desvirtuado su realidad primordial. Aunque este ajuste ortográfico no pretende desmontar el uso de la palabra como nomenclatura de un espacio geográfico, sí pone sobre la mesa la visión de la conquista ¿Cómo es posible que la homofonía no trascienda significativamente? ¿Sucede esto porque no es una palabra nativa del castellano? Cuen problematiza el fenómeno de la colonización, no con violencia frontal, sino que explora una violencia que es prácticamente imperceptible, la que se da debajo la superficie de la palabra, en la infralevedad, la que se extiende en las raíces en el lenguaje mismo. De ahí que el “armado” de la palabra suponga la extensión de complicidades.

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En el MUPO, se expusieron a vitrina una serie de las postales vueltas de cara, sin mostrar las imágenes, solo la parte posterior. Éstas forman parte de la colección familiar del artista y presentaban imágenes de los “tipos raciales” de la costa oaxaqueña, paisajes exóticos o momentos de viajes familiares. Al vedar los retratos, el público se enfrentaba al gesto de silenciar la escena, pero también al de entrar en una intimidad que no le correspondía. Así, las postales volteadas exponían–literalmente— el pulso del viajero o del exiliado y las palabras operaban como un sistema de mapeo para reconfigurar la imagen en algunas de sus capas de sentido. El tiempo, la trayectoria, el viaje, son una serie de engranes que proveen información, pero que, como una figura nómade, siempre deviene. Sin embargo, para esta carpeta la ausencia es todavía mayor, la única huella que queda es el rastro del cartoncillo negro, resultado de arrancar estas postales del álbum familiar. Estos vestigios del acontecimiento se han transformado en las geografías del propio desarraigo.

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Aquí se activa la narrativa más poderosa de la muestra. Recordemos a “la isla”, aquella que nombra a lo distante e ideal, ese territorio que nos proporcionó Tomás Moro y que en su toponimia originaria inauguró la utopía. Utopía es un neologismo compuesto por la preposición griega negativa ou y por el sustantivo topos, que significa “lugar”. Lo que intenta articular el pensador inglés es un concepto de “no-lugar” o “un lugar que no está”. El gesto de desgarro de las postales, su vinculación con el pasado nos dice que éste –el tiempo que se ha ido— es un lugar que no existe, pero es un lugar y solo es posible a través de su cartografía. Cuando Moro, en 1518, en Flandes, escribió la segunda parte de su novela, esa que da cuenta pormenorizada de cómo se organiza la maravillosa isla, sucedió un feliz accidente, un traslado de grafías que abrió otro territorio, una aliteración. La edición de Bâle aparece con el título de Eutopía. Este segundo neologismo ocupa ahora el prefijo eu, que significa tanto “feliz” como “bueno”. Entonces Eutopía sígnica “el buen lugar”, el “lugar feliz”, y las islas del pasado, las islas negras que se presentan en la carpeta, también comparten estas cualidades.

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Entre los deslices a islas ficticias y las interferencias conceptuales entre nombres originarios o hispanizados, vedas, limitaciones idiomáticas, y tantos más etcéteras, sobre todo este tráfico de información, reina de nuevo Ñuhu Yoo, que además de ser la diosa de la luna, también es soberana de la incertidumbre.

Efraín Velasco, 2022

"La edición consta de X carpetas de 20 piezografías impresas en julio de 2022 sobre papel Hahnemühle Photo Rag Ultra Smooth de 305 con tintas de carbón de las cuáles doce son obras gráficas y una imagen!

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